martes, 7 de junio de 2011

Lejos de mí.


Tomé su cara,
yacía en el suelo,
mirando hacia ambos lados -izquierda y derecha-
la posé sobre mi faz.

Busqué un espejo
donde verme,
en donde reflejar aquel rostro
que no me pertenecía
y que en este momento
daba otro aspecto a mi ser.
Quedé totalmente anonadado al verme,
ya que era otra persona con mi cuerpo.

Luego del reflejo intenté liberarme
de aquel encierro.
Como es lógico, no pude hacerlo.
No por la mascara que tenía sobre mi ser,
sino porque ya no quería sacarla.

Cualquiera puede verme así,
tengo que escapar lo antes posible.

El arte es algo hermoso, me dije.
Di la vuelta, tomé mi cámara
y fotografié a la victima en el piso.
Las fotos eran hermosas, mostraban
la muerte. Estaba allí.

Guardé todo en mi mochila,
inclusive mi nueva forma facial,
y corrí calles abajo, intentando taparme
lo mejor posible.

Llegué a mi casa consumido por la excitación,
la adrenalina, el sudor. En esta época del año
el frío se come los huesos.

Me dispuse a arreglar todo y confeccionar
mi nuevo ser. Con una mascara.
La limpié bien, cosí meticulosamente
los bordes, y la dejé sobre la mesa.

La curiosidad me invadió de repente,
quise saber como estaba el fallecido.

Entonces empecé a dar vueltas,
la habitación se me hizo angosta,
mi pecho comenzó a cerrarse,
de mis ojos caían lágrimas.
Me faltaba todo en este momento,
sentí la muerte palpando mi espalda
y un dolor (Con la velocidad de un rayo)
apareció en el costado derecho de mi torso.
La desesperación se apoderó de mí,
algo estaba muy mal.

Algo me hizo recordar el cadaver,
una y otra vez.
Era obvio, cuando yo vea en mi cámara
descubriré que el muerto soy yo.

Entonces, intenté recordar la cara,
la busqué por toda mi casa y no estaba.
Nunca estuvo.

Fui al espejo, mi última salvación,
ya no está (mis recuerdos se volvieron
tan rápidos que se hicieron presente),
todo lo que reconozco son mis pies,
no puedo ver mis manos.

El día se acerca y estoy sumergido
en un lugar oscuro.
Estoy lejos de mí, ya no sé quién soy.

El tiempo llega tarde para los suicidas...



Teodoro Duarte

2 comentarios:

sol dijo...

de espalda..

Jésica Instantánea dijo...

el frío te come los huesos