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martes, 19 de junio de 2012
Enterrado
Decidí que el mundo está desapareciendo
que a mi alrededor todo se desvanece
dejando la silueta de la tristeza
que me inaugura en nostalgias.
Decidí que todo está perdido
que las verdaderas cosas habían dejado de existir
que la naturaleza del hombre había acabado con todo
que lo nefasto es lo único real
que lo efímero deja existencia efusiva
que las huellas son borradas por el viento frío que nos persigue
que los qués que utilizo son la justificación a lo injustificable.
Y yo que me quedo parado escribiendo
convirtiendo mi labor en nada más que algo de descarte.
Decidí que todo se terminará cuando dejemos de pensarlo
se terminara de una vez por todas, sin nosotros ya,
cansados de tanto de lo mismo
con puñados de tierra entre los dedos
decantando cual agua que escurre en una pendiente.
Decidí que dejaré mi cuerpo, infectado de sentires,
derritiendo sangre por los orificios que ocasioné en mi ser
tiempo atrás.
Las palabras se vuelven piedras y me entierro con ellas
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lunes, 22 de agosto de 2011
Te amo y ya no sé
Insurrecciones
bifurcándose
en el lapso solar
cuando soñás
ser algo más que un mundo,
lleno de esperanzas vanas
que no llevan a nada
más que al hecho de existir
magramente.
Recorriendo historias
que persiguen
y te hacen invicto.
Odio de ser esclavo
de sensaciones oscuras
y es tan puro su andar
que no juega con ser libre
(hace rato que lo es).
Hoy el día es tan nuestro
que Dios se olvida
de reclamar clemencia.
Te amo y ya no sé
si el mañana es materia
cuando nos revolcamos en el limbo
para creernos santos
sin alas.
Estamos tan lejos
no creo poder besarte
en el sol estrellaré mi rostro
lleno del hollín de la noche inundada de polvo...
Teodoro Duarte
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domingo, 7 de agosto de 2011
Consejo de Domingo
Si pudiéramos saber qué es lo que verdaderamente somos, y seremos, existiría alguna posibilidad de elección meditada mirando hacia diferentes espectros de nuestra cotidianidad. Todo sería visto de una manera más vertiginosa, también. Me pregunto -siempre- qué pretende la gente al esperar saber la respuesta de lo que se propone a desarrollar, lo que quiere hacer, lo que siente y cómo el tiempo hará con ello algo que pueda servirle de alguna manera. No sé si tiene algún sentido proyectar desde ese punto, incluso creo que es una idiotez dejarse llevar por una predestinación.
No puedo dejar de pensar en los que hacen y actúan sus vidas en base a estos aconteceres, no puedo admitir que lo que los mantiene en pie es un pensamiento netamente abstracto e irregular, con vistas hacia el futuro, como si mirando fijamente pudiéramos saber qué es lo que verdaderamente nos espera. Prefiero luchar en el momento en el cual me encuentro, más esa es la única manera en que podemos vivir la realidad. Todo lo demás recae en un mundo efímero, un mundo sin peso específico, un mundo que no lleva a nada más que mirar sin accionar de alguna manera.
Puede que sea un tanto absurdo al calificar a los que ven hacia el futuro como cobardes, pero creo que eso es lo que son. Aquellos que no pueden vivir la realidad, por elección personal, deben ser llamados de esta manera. Y no creo que exista otra forma, o una justificación, que pueda salvarlos de dicha denominación.
Todos podemos insistir en la forma en lo que las cosas se nos dan a cada uno, y de ahí podemos intercambiar experiencias para poder enriquecer lo que suponemos que está haciendo a una vida cargada de saberes y experiencias que nos harán personas de bien, viviendo una vida correcta.
Hoy siento que estamos equivocados cuando requerimos de esos consejos, cuando necesitamos la mano amiga en la espalda que nos haga saber que nosotros no estamos errando cuando vivimos, pero ¿Quién sabe como se vive mal? ¿Quién puede mitigar sobre nosotros y terminar aconteciendo una idea que sea universal y particular?
Nada de lo que creemos es lo real, todo lo que podemos hacer es vivir lo mejor posible, sin pedir consejos a nadie. Vivir, esa es la idea.
Hoy somos "solo", letras se cierran en eso. Debemos mirar nuestras vidas, debemos actuar porque en ella existimos para vivirla. No busques en mí un consejo o una palabra amiga, yo intento vivir como lo hacés vos.
lunes, 1 de agosto de 2011
Mañana
Todo supone que el día posterior al que estamos es el futuro, todos suponemos eso por lo menos.
Juan Uriarte pensó el mañana de una manera diferente. Creyó y lo puso en todo su cuerpo como algo que pertenecía al momento en el cual está viviendo, y negó todos los tiempos verbales. Se quedó únicamente con el presente.
Desde ese momento Juan no deja de ver por su ventana, esperando que alguien venga a buscarlo.
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martes, 26 de julio de 2011
Simpatía nocturna
Las hojas que rozan
el aire se escapa
de su altiva luna
que muere roja
en la noche
Diosa porque quiere
se hace carne
de algunos forajidos
que buscan ser dueños
de campos eternos
llenos de ocasos
búscame el día
tras la tarde
hecha polvo distante
se esparce por tus labios
rebozados de néctar
culmina el sueño
y te vibro anaqueles
brillantes rocas
en tus ojos
que fuego hacen
en tus adentros
extraños sentires
oscuros presagios
estando lejos
te veo
te veo
Estamos vivos.
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sábado, 16 de julio de 2011
Desnuda y puta
Desnudase
dejando ver toda aquella pureza
que la hace santa,
abriendo su piernas muestra la gloria
camuflándose en pelusas
y letras desterradas.
Abrigase con la desmesura
de una recitada inconclusa
desbaratada por el alcohol
de algún promulgador idiotizado.
Y ella queda invicta
ante la muchedumbre que la observa
desangrándose por los poros
mientras todos comen su carne
simulando erudición.
Todos quieren lamer sus tetas blancas
con gusto a cielo, desean poseerla
con la belleza intacta
todo la perturba, y la hace puta.
Cuando las bocas sucias se callen
su néctar se perderá en el aire
inocuo cual despertar
efímero, noctambulo
dejando atrás a todo aquello que soñó
y no quiso.
Ellos hablarán como si supieran
lo sucedido
intercambiando frases
mezcladas con humos
para poder nombrarla
en una simple palabra...
Teodoro Duarte
martes, 12 de julio de 2011
Caballos en la neblina
Esta poesía nace a partir de un incendio en las zonas aledañas a mi casa. La noche fría se había puesto sobre el cielo, se veían las estrellas, pero con el paso del humo se iban escondiendo. Salí a la vereda de y noté el cielo espeso. El aire colmado de ruidos, ladridos, sirenas y no sé cuanto sonido alarmante más. Miré algunas veces más, buscando alguna señal que me lleve al lugar del incendio y lo que pude percibir fue el humo introduciéndose en la niebla, creando una escala de grises con la densidad única que nos da la humedad.
Una sirena agonizante
parte la noche repleta de niebla,
fría, obsecuente y atravesada como por una flecha.
Violentamente salta el autobomba,
despedazando partes del asfalto
con su sirena agonizante
intentando llegar al destino a tiempo
llevando consigo las miradas atónitas de los transeúntes.
Esperanzas hidráulicas
se apoderan de nuestras lágrimas
mientras el hedor a humo
se entrelaza con el aceite derramado,
oxigenado,
atascado de sensaciones magras
buscando algo en el cielo que me llene de estrellas.
Llantos se escuchan,
con el latir prolongado del silencio.
Cielo, gris, negro blanco,
negro y blanco,
negro.
Blanco. El aire rojo.
Gritos traspasan la carne,
disecando el sonido
que reside en nuestras caras.
El fuego incendia en totalidades,
calienta los huesos
y quema la sangre.
La respiración se agita.
Imágenes displicentes
haciendo en reencuentro gris
con la emancipada cara del frío que nos invade
dejándonos marcados con el fuego
que recorre con su fulgor por nuestra visión.
Hoy somos caballos,
mirando hacia adelante,
mirando el punto
en el cual vemos sumergiéndose
el humo negro en la densa noche.
Un momento más
tirado de los pelos hasta el cuajo,
los bomberos llegaron a tiempo.
Una familia, a partir de ahora,
dormirá en la calle...
Teodoro Duarte.
domingo, 3 de julio de 2011
Borrachera trascendental.
Vayase en la noche
bajo el silencio de las montañas,
inclinándose para no ser visto
por los ojos de la luna.
Tome el camino más oscuro
y no dé dos veces el mismo paso.
No mire hacia atrás.
No deje de mirar el suelo,
todo llamará su visión
y usted será atraído.
Lobos perseguirán su carne,
usted desesperará
y llegará el sol.
El sol derretirá sus lágrimas,
hervirá su sangre y lo hará parte del día.
Se convertirá en luz,
irradiará con la fuerza de la vida
y despejará de toda impureza.
Entonces pasarán años por tu rostro,
creando surcos de madera,
donde tus llantos crearán ríos.
Esparciendo toda la sal por tu cuello
intacto de placeres,
ahogándote en la misericordia
contracturada de un Dios infiel.
Vivirás muchos años
estático entre la maleza del bosque,
no tendrás escapatoria
en aquel momento, ni siquiera en éste...
Teodoro Duarte
miércoles, 8 de junio de 2011
El arte es perderme en tus ojos.
El arte es todo aquello que hace enfatizar nuestros sentimientos: Es eso que pone a descubierto nuestra valentía, y por demás la cobardía que nos representa.
El arte es el artífice sumamente necesario al cual nosotros recurrimos cada vez que intentamos hacer que el mundo acarree, unos segundos, el peso de nuestros amores -Aquellos que tienen éxito y de los que hablamos- y se haga cargo de nuestra existencia maltrecha, en busca de magia afectada por una cotidiana costumbre de romper nuestros sueños -al igual que nuestros cuerpos- por un sueldo que no paga la céntima parte de todo aquello dejado en el camino.
El arte es el grito seco, dubitativo, que recorre nuestra mente, y la enceguece de amor y deseos: Eso que la hace libre e infeliz.
Reconozco ser un tanto fatalista en éste momento, el arte también es eso: Convirtiéndose en la necesidad de sentir ese duelo eterno que se lleva nuestra esencia magra. Es el amor que se hace carne, es la diferencia entre el día y la noche, es el tener nada y no tener todo.
El arte es el beso tierno a la persona querida, mirando a los ojos, perdiéndose el uno en el otro; dejando correr el tiempo sin la necesidad de buscar excusas.
El arte, mi hermoso ser, es todo lo que hago por ser feliz.
El arte es ese sentir que puede no sentirse...
Teodoro Duarte
martes, 7 de junio de 2011
Lejos de mí.

Tomé su cara,
yacía en el suelo,
mirando hacia ambos lados -izquierda y derecha-
la posé sobre mi faz.
Busqué un espejo
donde verme,
en donde reflejar aquel rostro
que no me pertenecía
y que en este momento
daba otro aspecto a mi ser.
Quedé totalmente anonadado al verme,
ya que era otra persona con mi cuerpo.
Luego del reflejo intenté liberarme
de aquel encierro.
Como es lógico, no pude hacerlo.
No por la mascara que tenía sobre mi ser,
sino porque ya no quería sacarla.
Cualquiera puede verme así,
tengo que escapar lo antes posible.
El arte es algo hermoso, me dije.
Di la vuelta, tomé mi cámara
y fotografié a la victima en el piso.
Las fotos eran hermosas, mostraban
la muerte. Estaba allí.
Guardé todo en mi mochila,
inclusive mi nueva forma facial,
y corrí calles abajo, intentando taparme
lo mejor posible.
Llegué a mi casa consumido por la excitación,
la adrenalina, el sudor. En esta época del año
el frío se come los huesos.
Me dispuse a arreglar todo y confeccionar
mi nuevo ser. Con una mascara.
La limpié bien, cosí meticulosamente
los bordes, y la dejé sobre la mesa.
La curiosidad me invadió de repente,
quise saber como estaba el fallecido.
Entonces empecé a dar vueltas,
la habitación se me hizo angosta,
mi pecho comenzó a cerrarse,
de mis ojos caían lágrimas.
Me faltaba todo en este momento,
sentí la muerte palpando mi espalda
y un dolor (Con la velocidad de un rayo)
apareció en el costado derecho de mi torso.
La desesperación se apoderó de mí,
algo estaba muy mal.
Algo me hizo recordar el cadaver,
una y otra vez.
Era obvio, cuando yo vea en mi cámara
descubriré que el muerto soy yo.
Entonces, intenté recordar la cara,
la busqué por toda mi casa y no estaba.
Nunca estuvo.
Fui al espejo, mi última salvación,
ya no está (mis recuerdos se volvieron
tan rápidos que se hicieron presente),
todo lo que reconozco son mis pies,
no puedo ver mis manos.
El día se acerca y estoy sumergido
en un lugar oscuro.
Estoy lejos de mí, ya no sé quién soy.
El tiempo llega tarde para los suicidas...
Teodoro Duarte
miércoles, 1 de junio de 2011
Y si todo fuera fácil, ¿Dónde chocarían las ovejas?
Tomé una sustancia extraña
que me hizo creer Superman,
ese tipo con traje azul y rojo.
A mí nunca me gustó Superman,
siempre creí que era demasiado fuerte
para un mundo
que lo veía romper su belleza.
Quise escapar de esa realidad absurda
en que Superman se apoderaba de mí.
Ni siquiera las máscaras me tapan la cara,
sin resignar lo que verdaderamente soy.
Ahora soy Superman.
Y dejaré pasar el tiempo, quizás
luego despierte y sea yo nuevamente.
Ese que está detrás del otro hombre soy yo,
aquel que no sabe pactar con el demonio
y reza llorando porque Dios aún no lo escuchó.
Soy ese que todas las mañanas despierta
desesperanzado.
Soy ese que cada vez que amó
no entregó nada, y se quedó consigo mismo.
Soy la sátira de algo que pudo haber sido hermoso,
lo siento mucho.
Soy ese vagabundo que terminó prendido fuego,
soy ese perro muerto en la estación de Merlo
con los ojos abiertos, y el ruido que hay en él.
Soy lo que desapareció de la realidad
y volvió a ella, chocando con Susana Gimenez
dentro de un universo subalterno
lleno de bailarines y cantantes.
Soy todo aquello que escupe hacia arriba,
soy esa escupida en el aire
a punto de impactar sobre mi cara.
Soy la nostalgia de tener un trabajo
y asistir todos los días con la mejor cara sonriente.
Soy ese que no mueve las cosas con la mente,
soy la parte oscura de mi habitación.
Soy el verano que explota,
el invierno que congela,
el muerto y el asesino,
el día y la nada,
(¡Hoy es tiempo de ser otro!)
y la noche llega.
Me acuesto en mi cama, creo,
mirando hacia la nada,
buscando algo en el techo que me mira.
No encuentro nada.
Quisiera no despertar nunca...
Teodoro Duarte
martes, 17 de mayo de 2011
Se suicidó un poeta
Murió un poeta,
no resistió más el mundo
y el peso del sentir
que lo agobiaba.
Un poeta se asesinó
dejando atrás a todos aquellos
que lo querían,
que lo admiraban,
dejó atrás todo aquello
que lo hacía parte del montón.
Hoy lo lloran los demagogos,
aquellos que no lo sintieron jamás,
juntándose para comentar lo sucedido
Un tiro en la sien y fin de la trama,
nacían esas palabras de cada uno de ellos,
viendo a la muerte como algo lejano y vulgar.
Ellos comen su carne sin dar mordisco alguno,
Se suicidó un poeta,
en su casta vida escribió bastante
(Según dicen, ¿Quienes?)
y no dejo marca de lo que fue.
Solo se sabe que murió un poeta,
todos lo lloran,
se voló la sien de un disparo
Teodoro Duarte
domingo, 8 de mayo de 2011
Tres personas
Soy ese animal al que le temés tanto,
cuando salís a la calle y la luna juega a ser estrella.
Soy todo eso que repudiás,
que te hace sentir lejos de tu mundo.
Y vos que estás ligado al mundo
con tu puto traje oscuro,
lleno de finos detalles e hilos,
que te hace llegar a los lugares que yo no conozco
y que no me interesan.
Vas pisando cabezas
sintiendo el sabor a sangre de los caídos,
lo que fuiste vos y lo que somos todos.
Y esas niñas hermosas ríen
de tu rapidez al amar,
ríen y se desgarran en tu polvo precoz.
Despertás angustiado,
esperando llegar y demostrar tu enojo
con algún boludo de turno,
que no tiene nada que ver con vos
y lo hacés parte de la causa.
Luego de un día lleno de rojos y furia
estás cansado, con ganas de volarte los sesos.
Amás tu forma escueta de vivir,
quizás sea porque es lo único que tenés
y te aferrás con fuerza a tu destino,
sabiendo que el mañana te espera
sin augurio ni buenaventura,
esperás la hora de tu muerte
deseando que haya
más de tres personas en el funeral...
Teodoro Duarte
sábado, 16 de abril de 2011
Punto de infracción: El limbo

Yo sé que nunca tuviste alas.
También sé
no supiste morir,
dejando atrás toda la hipocresía.
El sol explota en la noche,
quizás mañana renacerá.
No sé si eso es lo que importa ahora.
Más de una vez
pudimos ver el espacio
y nos quedamos con sensaciones
irregulares e infinitas,
llenas de magia y espanto,
hoy es constante el resplandor de tus ojos.
Creo que alguna vez fuimos eternos.
Todo es parte de la misma duda sideral
y nosotros nos ahogamos con tan poco
¿No crees que el océano es demasiado extenso?
¿En dónde encontraste paz?
Sentimos el peso del vacío sobre nuestras cabezas,
aplastándonos y dejándonos sedientos de estrellas.
Hoyos negros trascurren entre nuestros ojos,
será cuestión de creer, ya no hay escapatoria,
y estamos tan cansados, se nota en nuestras caras.
Qué aburrida es tu idea de la vida,
con saltos y juegos,
creyendo que no existe nada más que eso.
Intentando escapar de la realidad,
ya no sos más que lo mismo de ayer.
Las luces se prenderán una vez más,
recibirás todo aquello que soñaste
y dejarás de ver las estrellas.
En ese momento, sabrás que no vuelas,
tus alas nunca existieron.
El impacto es cuestión de tiempo...
Teodoro Duarte
domingo, 13 de marzo de 2011
Celeste sobre el cielo
Matamos en nombre de Dios
o por el dinero.
Matamos porque somos miserables.
Matamos para sentirnos parte del mundo,
y seguir invictos de él.
Matamos para cargar
con la culpa de una vida.
Matamos porque morimos,
y nos mata tener que esperar la muerte.
Matamos porque nos enfrentamos a la selva.
Matamos porque somos muertos sin tumba.
Matamos con el gusto de la victoria en nuestra piel,
y nos dejamos matar porque somos esclavos de la vida.
Matamos porque no nos gusta lo que enfrentamos día a día,
y queremos ser parte de los que pueden dejar de matar.
Matamos por supervivencia,
para no ser tragados por el limbo
de nuestros recuerdos que no paran de seguirnos,
y nunca dejaremos que nos alcancen.
Somos muertos que buscan más que vida.
Somos aquellos que buscan ser más
de lo que podemos aspirar.
Somos los que piden limosna al cielo
y son escuchados en la tierra.
Somos los que reciben golpes antes
que la sonrisa del diablo.
Somos los que inundan de rituales las noches.
Somos los que lloran por sus heridas internas.
Somos los desterrados,
que nunca podrán sentir la mano amiga,
los que dejaran de vivir cuando dejen de ser vistos.
Somos los que nacemos porque sí
y morimos por el mismo motivo.
Somos los que no saben quienes somos...
Teodoro Duarte
domingo, 20 de febrero de 2011
Alaridos
La puerta golpeó
con fuerza detrás nuestro
y no era significante.
La llevo con fuerza
hacia la pared,
como a empujones.
Ella impela, sin resistirse,
intenta desgarrar mi ropa
mientras me besa y camina
hacia atrás, hasta arrinconarnos.
Nos besamos apasionadamente,
con una intensidad salvaje,
mientras nuestras manos
nos recorren, examinantes.
Siento el fulgor dentro de mi,
y el calor que emana de sus poros.
Introduzco mi mano, lentamente,
rozando interiormente
con sus vellos púbicos, y exteriormente
con la costura de su jeans.
Aleja su cara de la mía,
arrastrando con ella mi labio inferior,
aquél que se mueve para besarla sin parar,
lo estira hasta que acerco mi rostro.
Mi palma sobre su pelvis,
apretada por la costura de su pantalón.
Mi dedo cordial roza
sus labios superiores, suavemente,
a destiempo con el movimiento
del resto de mi cuerpo.
Su respiración es más agitada,
va en crecimiento,
como queriendo expulsar el fervor
de su interior. Jadea,
babea
y gime.
Su cuerpo se pone tenso,
en un movimiento brusco arranca
la remera de mi tronco
sin quitar esos ojos lujuriosos
de mi campo de visión.
Nos desnudamos instintivamente,
como si un acto natural y milenario
se haya apoderado de nuestras vidas.
Su cuerpo, y el mío, están impulsados
por nuestras palpitaciones, imantados,
como dependiendo de todo aquello
para subsistir.
Con un movimiento dinámico,
similar al de un rayo, seguro de si,
poso mi mano derecha sobre su nuca
y la mano izquierda sobre su culo blanco
como el alba. Un salto demuestra
su grado de excitación, fue sorprendida.
Aprieto su cuerpo contra el mío
y la levanto centímetros.
Nuestros cuerpos arden,
transforman el ambiente.
Nuestras miradas lucen seguras,
sabemos que es todo esto,
no existe nada que nos atormente.
Muevo
gentilmente
mi
pelvis,
en
dirección
a la suya.
La penetro y siento
el paraíso en mi
por un instante.
Vuelvo a ser hombre.
Cogemos con total naturalidad,
la veo gemir, y me excito más, y más...
...Ella ve lo mismo en mí.
Estamos convertidos en sudor,
y risas,
llenos de deseo y ambición.
Mis ojos se tornan nublados,
ella no deja de mirarme, y yo no bajo mi mirada.
Las sensaciones se apoderan de mí,
me tiemblan las piernas, quizás se duerman,
siento el poder de mi erección
en el final de mi glande.
Ella se convulsiona, los gemidos se vuelven
más rápidos y cortos,
nos miramos fijamente y sonreímos.
Sentimos como nuestros cuerpos reciben
(en el mismo momento, sin diferencia alguna)
la descarga eléctrica del orgasmo.
No dejo de besar su cuello mientras me relajo.
Ella acaricia mi espalda con la suavidad necesaria.
Nos agradecemos mutuamente...
Teodoro Duarte
martes, 8 de febrero de 2011
Cicatrizar
Una bala certera
según dijeron,
yo no estoy seguro.
Jamás estoy seguro de algo.
Hace días que veo
esa cara en mis pesadillas.
Sus ojos hinchados,
una sonrisa de labial,
el rumor rojo en sus mejillas.
¿Por qué lees si no te gusta?
¿Qué te lleva a querer recaer en mi?
Todas las mañanas me despierta
el mismo grito desgarrado.
El sudor corriendo por mi cara,
la almohada mojada,
las sabanas volcadas sobre el suelo.
¿Cuántos gritos vas a dar antes de escuchar?
¿Qué es lo que te lleva a odiarme?
Durante el día,
después de mi primera ducha,
huelo la pesadez del silencio
que la inundaba.
(Vuelve una y otra vez)
Y la busco sin cesar, a empujones.
¿Para qué querés que te compare?
¿Por qué te vas? ¿Qué dije?
Por la tarde
su imagen va desapareciendo,
dejándose aludir por la muerte del sol
dando lugar al vacío de sus pasos.
Uno tras otro,
voy escuchando como los dio,
cuando recorría por última vez ese callejón
conmigo detrás,
mirándome fijamente.
¿Tenés miedo? ¿Por qué me mirás así?
¿Alguna vez te hice daño?
En la noche siempre cuento
la misma historia que me hace sentirla viva,
corriendo delante mio (como la última vez)
gritando, resbalando, entrando en la niebla.
Todavía puedo sentir
el cuchillo atravesando su pecho,
sus uñas sobre mi piel rasgando,
sus lágrimas chocando contra mis brazos...
Las marcas que me dejó
y no puedo cicatrizar...
Teodoro Duarte
miércoles, 19 de enero de 2011
Perro solo
nuevamente,
mojado
por la lluvia
que el sol matutino
evapora
e inunda en sed.
El día comienza,
los autos y sus bocinas,
la luz en mi cara,
los transeúntes y su neurosis,
los golpes y corridas.
Aún no termino de recordar
que me sucedió anoche,
alguien me habrá golpeado.
Este dolor en la costilla
no me deja respirar con fluidez.
Nadie conoce mi nombre,
todos saben de mi dolor,
y no existe quién me oiga.
La desesperanza me invade
día a día, caminando
entre miradas indiferentes.
La posibilidad de morir está
en muchos momentos de mi día,
de mi noche, de mi vida.
Ya no sé si quiero escapar de eso.
Tengo hambre,
como todos los días
aplaca mi ser,
busco algo que comer.
Más de una vez sufrí un golpe
por intentar comer
lo que ellos desechan,
todavía no entiendo el por qué.
No recuerdo cuando nací,
sólo sé que desde que lo hice
estoy vagabundeando,
de aquí para allá,
corriendo para no ser asesinado.
Mi vida es insignificante
para muchos,
y es lo único que tengo.
Espero seguir
hacia el camino correcto...
Teodoro Duarte.
lunes, 10 de enero de 2011
Octubre (Átame al respaldo de tú cama)
Prometo gemir
de placer
y dejar el dolor
de lado.
Mis ojos
llenos
de lágrimas
por la excitación,
dejaron el temor atrás.
Deseo que me domines,
atado
al respaldo de tu cama
viendo
como tu navaja
oscila
encima
de
mis
bragas.
El infierno
se apoderó
de nosotros
esta noche, y
me siento
en el paraíso
ligado a tus ojos
enfrentados
a los míos,
atrayéndose
por la profundidad
de las pupilas
dilatadas.
Ruego penetrarte
mientras
estás dominándome.
Me alejas
con tu mano derecha
sobre mi
pecho galopante,
siento el calor
que ofrecen
tus dedos.
Veo tu tez blanca
sobre mi oscura piel
y siento
el ocre del ocaso
plasmado entre
nuestros torsos
desgarrados
de fogosidad.
Mis muñecas sangran,
mis brazos están exhaustos,
mis ojos dejan caer lágrimas.
El fulgor
nos acorrala
en el callejón
de nuestro sexo,
los labios en fuego
se unen y estrellan
entre su salvia
llena de regocijo.
Me extravío
en el roce,
te penetro sin mesura.
Veo tu cara, gimiendo,
inundada de placer.
Nos
hacemos
carne
y fuego,
nos consumimos en el ser.
Somos eternos,
mis poros sangran...
jueves, 6 de enero de 2011
No festejamos victorias
Pasó tiempo ya,
la guerra hizo
estragos
y se fue.
Las bombas
frías y almacenadas.
Los chalecos
son usados para galas,
ya todo descansa
y deja de morir.
Años enteros
nos han dejado
sequías y hambre.
El sur no existe,
y nuestro Dios
nunca mostró su sonrisa.
Nuestra realidad
es nuestras mentiras
"Pudimos haber muerto todos",
se repite una y otra vez,
aterrados de pensar en desaparecer
buscamos refugio en nuestras voces.
Todavía huelo
el pestilente perfume
que emanan los cadáveres.
No podemos celebrar
las bajas de nadie,
pero estamos contentos
de vivir, y seguir vivos,
llorando a los que ya no están.
Aunque nuestras esperanzas
sigan sangrando,
seguimos parados
viendo los dibujos
en las paredes destruidas,
cargados de lágrimas
y cayos perpetuos
en nuestras almas.
Hace tiempo
nuestras heridas
fueron cerradas,
las cicatrices se hicieron carne...
Teodoro Duarte
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