martes, 24 de mayo de 2011

Fuego bajo la lluvia.


Soy parte de esas gotas
que caen
y aniquilan el suelo.

No me veo diferente a ellas.

Siento que aún
no entendemos nada
y elegimos sin saber
que es lo que pasa.

Veo esas hojas arder
en llamas azules,
rojas y verdes,
consumiéndose de más.
Y soy eso.

El suelo,
de barro ya,
hace que mis pies patinen
y mi cabeza
esté más cerca de la tierra.

La lluvia ablanda todo
lo que abraza,
y nos hace parte del decorado.
Los colores viven su fuerza.

La lluvia cesará
al igual que el fuego,
sólo quedarán las cenizas,
nosotros y algunos colores...


Teodoro Duarte

lunes, 23 de mayo de 2011

Bombas

Es hora de implotar
querida,
pasó bastante fulgor
y nos dejó secos.

Ya nada va a ser tan cruel.

Llorá en mi hombro,
mañana quizás no esté.

Las bombas caen por doquier
sin rozar nuestras cabezas,
las ramas de los árboles caen
la tierra arde.

Arriba de esas nubes de pólvora
está el cielo,
no dejés de mirarme,
es la manera
en la que puedo escaparme.

Más me animo a mirarte
sin decir palabra.

Hoy la luz no ilumina,
las bombas lo hacen...

Teodoro Duarte

martes, 17 de mayo de 2011

Se suicidó un poeta

Murió un poeta,
no resistió más el mundo
y el peso del sentir
que lo agobiaba.

Un poeta se asesinó
dejando atrás a todos aquellos
que lo querían,
que lo admiraban,
dejó atrás todo aquello
que lo hacía parte del montón.

Hoy lo lloran los demagogos,
aquellos que no lo sintieron jamás,
juntándose para comentar lo sucedido

Un tiro en la sien y fin de la trama,

nacían esas palabras de cada uno de ellos,
viendo a la muerte como algo lejano y vulgar.
Ellos comen su carne sin dar mordisco alguno,

Se suicidó un poeta,
en su casta vida escribió bastante
(Según dicen, ¿Quienes?)
y no dejo marca de lo que fue.

Solo se sabe que murió un poeta,
todos lo lloran,
se voló la sien de un disparo


Teodoro Duarte

domingo, 8 de mayo de 2011

Tres personas

Soy ese animal al que le temés tanto,
cuando salís a la calle y la luna juega a ser estrella.
Soy todo eso que repudiás,
que te hace sentir lejos de tu mundo.

Y vos que estás ligado al mundo
con tu puto traje oscuro,
lleno de finos detalles e hilos,
que te hace llegar a los lugares que yo no conozco
y que no me interesan.

Vas pisando cabezas
sintiendo el sabor a sangre de los caídos,
lo que fuiste vos y lo que somos todos.

Y esas niñas hermosas ríen
de tu rapidez al amar,
ríen y se desgarran en tu polvo precoz.

Despertás angustiado,
esperando llegar y demostrar tu enojo
con algún boludo de turno,
que no tiene nada que ver con vos
y lo hacés parte de la causa.

Luego de un día lleno de rojos y furia
estás cansado, con ganas de volarte los sesos.

Amás tu forma escueta de vivir,
quizás sea porque es lo único que tenés
y te aferrás con fuerza a tu destino,
sabiendo que el mañana te espera
sin augurio ni buenaventura,
esperás la hora de tu muerte
deseando que haya
más de tres personas en el funeral...

Teodoro Duarte

sábado, 23 de abril de 2011

Alguna vez

Perdiéndome vine a encontrar
aquel vacío que me llenaba de expectación
y me orillaba
en la ladera más alta
de mis recuerdos transeúntes.

Recorriendo las migajas del destino
inventé
más de una declaración
absurda
contra el universo, en el cual yo me poso
para poder expulsar
mi alma a la nada
misma.

Intrascendente es el paso del tiempo
sobre mis ojos, llenos de magia,
que viajan en el aire
y se hacen parte del tiempo,
quizás. Nadie puede explicar
lo que ahora fui desarrollando,

cada vez estoy más alejado
de los extremos y me siento
el artífice de los actos más macabros.

Sé que más de una vez volví a crear,
y a querer,
las mismas situaciones,
en las que me veo sumergido
solo por el placer de hacerme carne fértil

(objeto bendecido por el indecoroso sortilegio de la vida austera bajo la mano de un Dios que no hace más que observar sin que nosotros dejemos que viva).

Y aquello que alguna vez supuse
se pierde
en lamentaciones, y misterios,
que están ligadas a un acto inerte
y a todo aquello que nos hace sentir lejanos...

Teodoro Duarte

sábado, 16 de abril de 2011

Punto de infracción: El limbo


Yo sé que nunca tuviste alas.
También sé
no supiste morir,
dejando atrás toda la hipocresía.

El sol explota en la noche,
quizás mañana renacerá.
No sé si eso es lo que importa ahora.

Más de una vez
pudimos ver el espacio
y nos quedamos con sensaciones
irregulares e infinitas,
llenas de magia y espanto,
hoy es constante el resplandor de tus ojos.

Creo que alguna vez fuimos eternos.
Todo es parte de la misma duda sideral
y nosotros nos ahogamos con tan poco

¿No crees que el océano es demasiado extenso?
¿En dónde encontraste paz?

Sentimos el peso del vacío sobre nuestras cabezas,
aplastándonos y dejándonos sedientos de estrellas.
Hoyos negros trascurren entre nuestros ojos,
será cuestión de creer, ya no hay escapatoria,
y estamos tan cansados, se nota en nuestras caras.
Qué aburrida es tu idea de la vida,
con saltos y juegos,
creyendo que no existe nada más que eso.
Intentando escapar de la realidad,
ya no sos más que lo mismo de ayer.

Las luces se prenderán una vez más,
recibirás todo aquello que soñaste
y dejarás de ver las estrellas.

En ese momento, sabrás que no vuelas,
tus alas nunca existieron.
El impacto es cuestión de tiempo...

Teodoro Duarte

domingo, 10 de abril de 2011

The black man and the white cat

Escribe sentando
cada vez más al borde de su tiempo.
Mira su reloj cada cinco segundos,
sabe que no va a llegar a su entrega.

Ve a su gato negro orillarse,
mirando hacia el suelo,
en la punta de la mesa que lo sostiene.
Y piensa en aquella mujer.

Se levanta mientras observa.

En este momento siente
que es parte de la calle.

¡Ni un paso más!
Su corazón ya no resiste sus intentos
por buscar salidas.

Sabe que su tierra no cambia por la erosión,
y la de los demás le cae pesada.

Su mundo nunca fue una burbuja
y sigue sin tener forma plástica,
está orgulloso de que sea así.

Mira por doquier y recuerda a sus hijos,
ellos ya grandes, trabajadores y estudiantes,
cae una lágrima con sus recuerdos.
Está cansado de extrañarlos y no conocerlos.

El ruido del gato al caer es muy suave
y lo saca de su trance.
Es hora de terminar, recuerda.

Se sienta nuevamente,
mira a su alrededor y se encuentra solo,
ya todos se fueron. Enfurece.

Grita e insulta, quiere morir.

Arranca la piel de su rostro poco a poco,
desgarrándola.

Hoy no es tiempo de arrepentimientos,
para él, nada es vuelta atrás.

Es desterrado de su asiento por una energía
que nace en su interior y lo perturba.
Su gato salta por la ventana, él lo ve.

Sabe que están en un tercer piso,
sin pensarlo, intenta atrapar al felino
y salta tras él...

Teodoro Duarte