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sábado, 20 de abril de 2013

Tierra húmeda


Después intenté escapar
tu beso fugaz de despedida
mientras conjetur
aba para no dejarte escapar
una y otra vez beso
las lágrimas que salan mis labios

Después fue tarde
estiro mis brazos
y me acomodo al desasosiego
tu cuerpo efímero
la lluvia en mí crece
cada suspiro transporta olor a tierra húmeda

Después conforme a mi situación
estaré recluido
buscando ese labio frío que besó mi frente,
esperando el colectivo donde te fuiste.

Después solo después de todo ello
viviré aterrado,
aferrado a un recuerdo que pudo haber existido.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Ahí nos encontraremos

Vimos caer el sol
mientras aún eramos jóvenes
y en los jardines ardían recuerdos
aspirando vidrios rotos de espejos inexistentes
dejándonos consumir por despertares.

Ahí, donde explotaban nuestros ojos,
reencarnaremos al vernos fijo y sentirnos.

El cielo reventaba en nuestros alrededores
haciendo que la danza cósmica se vuelva materia,
inyectando el perfume en la tierra
donde nos posamos para ver todos los destellos
del sol que muere en nuestras cabezas.

Sentimos todo aquello que pasó alguna vez
y lo alejamos para estar invictos de contaminación
mientras recorremos nuestra piel con la lengua llena de azúcar
recorriéndonos, saciándonos de sabor, esparciendo saliva en cada centímetro
hartos de calor y excitación
resurgimos en el ser, donde nos volvemos íntegros.

Ahí nos hallamos, en la espesura del universo...


Teodoro Duarte


jueves, 8 de septiembre de 2011

Barro sobre su boca sangrada.

Una sonrisa abierta en resurrecciones
parte la cara de Ilario Zamora
y lo envuelve de velo azul.

Un suspiro negro
será el último en su letargo
de vida austera como pocas
enfrentando a la inmundicia de ser pobre.

Marcada su cara en años
limosnas esquivadas,
la noche que lo conmueve en pena,
siempre siendo un paria hasta para amar.
Hasta amando se refugió en tierra.

Y sus manos son pies en el sueño,
haciéndolo conforme del pan de cada día
que un dios muerto le promete constantemente
cegándolo de sensaciones libres y auténticas.

Todo en su vida lo hizo perderse
en oscilaciones,
por no decirle pensamientos estúpidos.

La tierra en su saliva ya se hizo barro
de tantas masticadas dejó atrás lo dulce,
encontrándolo de lleno
con todo aquello a lo que teme...


Teodoro Duarte

viernes, 15 de julio de 2011

Un hombre que llueve, Gris.

Una página
de un libro antiguo
arrancada en sangre,
oxidada por lágrimas
de un elocuente
observador morboso,
que ya tiene el cierre bajo
y la mano jugueteando sobre su rodilla.

El día latiendo a su alrededor
con el suplicio de un corazón
devastado por el tiempo
y desamores, lloviéndolo por dentro.

Su opaca forma de percibir
lo hace sentirse neutro y "normal"
(Suponiendo que eso pueda llegar a ser algo),
y lo empuja hacia un vino berreta con gusto a moho
al que toma con gracia desbaratada.

Somnoliento,
desamparado,
vida hostil transitada,
y es una silla vacía frente a la ventana.
Es esa mañana que nace nublada:

los pastos mojados,
los colores resaltados,
las personas caminan cabeza a gachas,
las calles apestadas de barro.

El sufrimiento es una plaga
en él, que los días son penumbra
y un "quizás".

Los días le llueven parejo
cuando no sale de su habitación
nada se mueve, todo estático.

Algún día pensó en terminar con todo
lo que soporta, quiso salir a la calle,
y nada lo llena de fuerzas.

La lluvia lo corroe por dentro...


Teodoro Duarte.


martes, 24 de mayo de 2011

Fuego bajo la lluvia.


Soy parte de esas gotas
que caen
y aniquilan el suelo.

No me veo diferente a ellas.

Siento que aún
no entendemos nada
y elegimos sin saber
que es lo que pasa.

Veo esas hojas arder
en llamas azules,
rojas y verdes,
consumiéndose de más.
Y soy eso.

El suelo,
de barro ya,
hace que mis pies patinen
y mi cabeza
esté más cerca de la tierra.

La lluvia ablanda todo
lo que abraza,
y nos hace parte del decorado.
Los colores viven su fuerza.

La lluvia cesará
al igual que el fuego,
sólo quedarán las cenizas,
nosotros y algunos colores...


Teodoro Duarte